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El cambio climático es una realidad de la cual nuestro continente no puede escapar. Los esfuerzos realizados por gobiernos y organismos especializados parecen insuficientes para evitar una elevación de la temperatura. La cual supera en más de 2 grados la existente en la era preindustrial, fenómeno catastrófico para nuestro planeta.

Algunos compromisos nacionales representan avances importantes. Como la reducción de emisiones, producción de energía renovable y eliminación progresiva de los hidrocarburos en los medios de transporte. No obstante la ganadería extensiva y el agro siguen aportando la mayor cantidad de emisiones atmosféricas de CO2. Por lo que requieren esfuerzos más contundentes en esta dirección.

En el plano internacional se lucha por lograr acuerdos reales y eficaces. Buscando contener el calentamiento global y frenar el cambio climático. Por otro lado los países insulares y tropicales sufren las peores consecuencias. Aunque sus efectos los padece el planeta entero. Fenómenos extremos provocan graves impactos a la economía, a los ecosistemas y a la vida humana. Por ejemplo sequías más prolongadas, períodos de lluvias más cortos e intensos, huracanes, vórtices polares, entre otros.

Los operadores de servicios de agua potable y saneamiento, gobiernos e instituciones competentes deben desarrollar programas de adaptación. Permitiendo enfrentar de mejor forma los efectos de estos fenómenos sobre sus sistemas.

CAMBIO CULTURAL COMO HERRAMIENTA

Garantizar el acceso al agua potable en condiciones de cambio climático requiere de un cambio de mentalidad y cultura. Así como la adopción de nuevas tecnologías, sistemas de alerta temprana, inversiones en infraestructura y planes de emergencia y contingencia.

Este cambio mental y cultural debe enfocarse en la importancia de proteger los ecosistemas naturales y la cobertura boscosa. Permitiendo la regeneración natural de las áreas degradadas. Una cultura de ahorro y cuido del agua, desde sus fuentes, hasta sus sistemas de suministro.

La adopción de nuevas tecnologías para la producción de energía son tareas ineludibles para enfrentar los efectos del cambio climático. Optimizando el manejo de vertientes y caudales, riego en la agricultura, tratamiento y manejo de aguas residuales, entre otros. Así mismo para establecer sistemas de alerta temprana que protejan a la población.

Debe incrementarse la inversión pública en investigación, desarrollo de tecnologías e infraestructura. Considerando el cambio climático como un factor determinante.

ADAPTACIÓN ALREDEDOR DEL MUNDO

En zonas rurales y periurbanas diversas experiencias de gestión comunitaria del agua han comenzado a adaptar sus sistemas. Buscando mitigar los impactos de los fenómenos extremos provocados por el cambio climático. Muchas veces sus métodos colapsan por el exceso de lluvias, deslizamientos e inundaciones; y en otras ocasiones se quedan sin agua producto de las largas sequías.  Poco a poco las comunidades han aprendido a adaptarse a estos fenómenos. Construyendo tanques de almacenamiento, sistemas de gradientes para reducir la velocidad de caudales, mejorando la infraestructura de sus acueductos. Así como identificando zonas de riesgo y desarrollando planes de emergencia y evacuación.

En las grandes urbes la inversión requerida es mucho mayor. Los operadores han optado por el racionamiento en la prestación de los servicios de agua potable durante la estación seca. A pesar de ello en la estación lluviosa es muy frecuente el colapso de los sistemas de alcantarillado sanitario. Así como el desbordamiento de ríos y acequias urbanas por la acumulación de desechos de todo tipo.

Avanzar en una nueva cultura del agua y saneamiento es avanzar en una cultura de gestión de los desechos sólidos. Discutiremos sobre el tema como un eje transversal en nuestro programa.

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